Andorra, es otra historia

La mayoría de los espacios naturales no son una foto fija, son el resultado de una constante evolución junto con sus pobladores humanos ya desde su propio origen. Son el resultado de la interacción entre la naturaleza y el hombre a lo largo de los siglos, el fruto del duro y poco rentable trabajo de los sectores agrícola, ganadero y forestal.

En el siglo XXI, la crisis del sector primario, a la que en ocasiones se suma la regulación de los usos, obliga a buscar nuevas ideas para mantener unos espacios naturales que sus habitantes han conservado hasta el día de hoy, sin ayuda de los recién llegados de la administración.

La situación económica y las regulaciones han forzado a los habitantes de estos espacios a pasar del sector primario al sector servicios. Jugándose la supervivencia, sólo les queda probar la baza del turismo atraído por los valores ambientales que esos espacios tienen para los urbanitas.

Tratando de sobrevivir en su paso del sector primario al sector servicios, los habitantes de estos espacios naturales tratan de atraer al turismo, sufragando infraestructuras (por ejemplo la señalización de senderos) e impulsando la iniciativa privada. Y en vez de fomentar la dinamización socioeconómica de los municipios que forman estos espacios naturales, la administración considera que el uso público de estos espacios naturales sólo trae impactos negativos.

Un espacio natural no es -o no es sólo- un museo de la naturaleza. Desde una obsoleta concepción de la naturaleza, la administración considera que cualquier visita, cualquier uso público, sólo genera impactos negativos sobre estos espacios naturales.

Pareciera que quisieran crear una reserva india en la que quedara perfectamente conservada una foto fija de la flora, fauna y etnología de la zona. Una vía podría ser la derivación de fondos económicos, el sustento encubierto de estos aborígenes para que hicieran el teatrillo naturalístico delante de los turistas: tippies, fumemos la pipa de la Paz, rostro pálido hablar con lengua de serpiente, etc (al menos en EEUU a los nativos americanos les permiten leyes laxas, y abrir casinos y tal)

Independientemente de que es cuestionable cuál es la foto fija a conservar (¿la del s.XXI, o quizá las del s.XVIII, o puede que la del s.X?), parece que el camino no es la creación de reservas indias. El camino debe ser la promoción del uso público de los espacios naturales, en una apuesta por un sector servicios fuerte y que rentabilice el espacio natural a sus habitantes (como siempre ha hecho hasta la intervención regulatoria de la administración), propiciando la generación de rentas dignas, frenando la despoblación (ocupación sostenible/empleo), protegiendo el paisaje y la calidad del medio ambiente.

Estos espacios naturales cuyo paisaje anteriormente había sido transformado por su aprovechamiento agrícola, ganadero y forestal, se está transformando de nuevo con la despoblación y el abandono de estos aprovechamientos. Los pastos, cultivos y bancales están siendo ocupados por la vegetación propia del monte, en una secuencia característica al que la sequedad del clima y la pobreza de los suelos no restan dinamismo. El abandono de estos aprovechamientos conduce a la pérdida de biodiversidad, como bien retrata Severino Pallaruelo en su excelente “José, un hombre de los Pirineos

No se puede regular los espacios naturales a espaldas a los habitantes que los forman. Son lo mismo. Regular el espacio natural sin atender las necesidades de los habitantes que lo forman es ir contra el propio espacio natural.

Un espacio natural que sigue sustentando a sus habitantes, antaño sólo en base a aprovechamientos agrícolas, ganaderos y forestales, y hogaño ayudado por un uso público ordenado, es un espacio natural vivo, un espacio natural que vale más que un museo de la naturaleza. Una vieja fuente de riqueza aún en esforzado funcionamiento, vale más que un museo estéril, limpio y reluciente, para la conservación de una foto fija del periodo de evolución del espacio natural que alguien ha decidido que es el que hay que conservar.

En el siglo XXI, el ocio ordenado puede ayudar al sustento de estos habitantes. Y el paisaje de estos espacios naturales seguirá evolucionando, esta vez con la inclusión del uso público. Las prioridades de la protección irán cambiando siguiendo la inevitable evolución de los sistemas naturales y sociales.

Andorra, sin duda es otra historia.

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2 respuestas a Andorra, es otra historia

  1. nisti dijo:

    Estoy de acuerdo contigo en que la consideracion de los espacios naturales debe realizarse teniendo en cuenta a la poblacion humana que habita dicho espacio. Tambien comparto tu analisis de como se comporta la administracion en estos temas. ( postura impositiva de criterios) Desde luego, tambien estoy convencido de que el caso de Andorra es peculiar y sus legisladores en la materia, aun lo son mas. Incluso me atrevo a decir, que se detecta una cierta hipocresia, por parte de sus autoridades. En fin, ellos veran si les conviene mantener esos criterios.

    • jonhoa dijo:

      Aciertas con lo de la hipocresía. Cuando ves el esfuerzo material y legislativo que se dedica a la persecución del ciclismo de montaña… mientras se dejan de lado cuestiones que verdaderamente afectan al medio ambiente, te das cuenta de que esta persecución no es más que una impostura, pura hipocresía.

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